Centro Cultural del Ferrocarril

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La estación del ferrocarril de Pachuca, una terminal entre las diferentes líneas de trenes mexicanos, destaca por su tamaño y construcción, respecto a otras estaciones distribuidas a lo largo del sistema de vías.

Su carácter de terminal de una población importante le valió la distinción propia de una puerta de entrada a la ciudad, digna y hasta majestuosa carta de presentación para recibir a los visitantes. Esta característica involucró edificar una estación que se destacó en el paisaje urbano de Pachuca.

Acorde con el estilo de la época, se eligió la corriente neorromántica, para producir una obra sólida no exenta de motivos ornamentales. Podemos distinguir dos tipos de tratamiento de fachada, uno que mira hacia la calle de Mejía, mientras el otro ve a los andenes del ferrocarril. El primero se orienta hacia la ciudad, el segundo encara la realidad ferroviaria.

La fachada a la calle emplea sillares de cantera a medio labrar para refuerzo de las aristas, así como arquitrabes y pilastras intermedias. Todo ello contrasta con los paños lisos de los muros circundantes. También destaca la curiosa reinterpretación del orden jónico, las volutas de carnero en las ventanas de la planta alta. Sucede otro tanto con las guirnaldas en los cortinajes, grecas geométricas y ménsulas de cantera al centro de los bien tallados arcos, que dan cuenta de una mesura decorativa muy delicada. No fue casual la exposición tan brutalmente diferenciada entre inacabado y refinado: acentuó su impacto estético.

La cara hacia los andenes está dominada por la estructura de la cubierta, en lámina y madera, acorde con el aspecto utilitario de vías y talleres. Los postes verticales adosados al muro se apoyan en salientes de cantera. De los travesaños cuelgan lámparas de esbelto diseño. La carga visual de la techumbre es ineludible al momento de contemplar este lado del inmueble. El interminable anden que alberga la locomotora Niagara, No 2308, ahora parte integral del conjunto, lo mismo que la bandera de señales.

A diferencia de otras estaciones cuya posición suele ser paralela a las vías del ferrocarril, la de Pachuca recibía frontalmente los trenes debido a su condición de Terminal.

El predominio en la planta arquitectónica de la sala de espera respondió a requerimientos funcionales de una estación, al servicio de los pasajeros. El espacio se halla iluminado regularmente por una serie de ventanas. La taquilla rompe el manejo ordinario de dimensiones de la sala.

La expedición de boletos era mediante una pequeña ventanilla, acompañada por un pizarrón para indicar llegada y salida de trenes de pasajeros. Ahora, motivo de nostalgias, estos elementos recuerdan el trajín de tiempos pasados.

La oficina de telégrafos, a un lado del expendio de boletos, todavía resguarda el mobiliario de trabajo tras un mostrador de madera. Preside el cuarto el infalible reloj de pared, cuyas precisas manecillas latían infinitamente como el marcapasos de la estación, impulsando su movimiento.

Actualmente, la antigua estación se ha dignificado por su reconversión en centro cultural dedicado al público infantil, principalmente. Sus risas y algarabía revitalizan el lugar, que una vez más recibe encuentros y esperanzas. Asimismo, es la sede de la Feria del Libro Infantil y Juvenil de Hidalgo, donde se congregan editoriales y público aficionado a la lectura. Además, da cabida a otras expresiones artísticas y talleres de toda clase.